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¿Por qué la gente se matricula en OBS cuando existe IEBS?

oscar fuente

En 30 segundos. Una escuela eficiente puede dedicar recursos al aprendizaje y mantener un precio ajustado. El problema aparece cuando el comprador interpreta ese precio como una señal de menor calidad. Desde mi experiencia en IEBS, defiendo una comparación basada en el trabajo del alumno, las correcciones y el acompañamiento que recibe.

Atalaya del director · Óscar Fuente

Me he hecho muchas veces esta pregunta: ¿por qué alguien se matricula en OBS cuando existe IEBS? La formulo desde una trayectoria que pasa por ambas escuelas: participé en la fundación de EVE, precursora de OBS, y estuve en la etapa fundacional de OBS durante sus dos primeros años. Después fundé IEBS. Me cuesta aceptar que el esfuerzo dedicado a una escuela pueda pesar menos que una impresión de prestigio. También sé que, desde dentro, es fácil olvidar lo poco que conoce de ella quien está decidiendo dónde matricularse.

Cuando creamos IEBS, mi aspiración era alcanzar la exigencia que admiraba en referentes como ESADE con un precio que más personas pudieran asumir.

La escuela que quise construir

Recuerdo alumnos que nos compararon favorablemente con escuelas de gran prestigio. Algunos llegaron a situarnos por encima en su experiencia personal. Para mí aquellos comentarios tenían un valor enorme: alguien que había pasado por nuestras aulas encontraba allí algo que merecía la comparación. Eran sus experiencias; nuestra obligación consistía en sostener el trabajo que las había hecho posibles.

Eso exige bastante más que reunir buenos contenidos. Hablo de mentores y tutores, proyectos que alguien lee y corrige, directores que siguen su evolución y materiales que se revisan a medida que cambia la profesión. En el modelo que hemos construido, las sesiones de seguimiento del proyecto forman parte del acompañamiento. Cada una consume tiempo de profesionales que también deben prepararlas.

La metodología de IEBS organiza el aprendizaje alrededor de sprints, entregas, feedback y un proyecto global. Ese recorrido permite ver el trabajo del estudiante y volver sobre sus errores. Mantenerlo requiere organización, criterio académico y personas.

Eficiencia, costes y precio

Siempre apuramos mucho la operación. Producto, marketing, ventas y gestión tenían que funcionar con el menor desperdicio posible. Mi intención era que esa eficiencia se trasladara a un precio que más personas pudieran asumir. A menudo sentía que habíamos ajustado tanto el modelo que resultaba muy difícil ofrecer aquel acompañamiento por menos.

También recuerdo conversaciones en las que se nos señalaba que nuestros márgenes eran inferiores a los habituales del mercado. Lo vivía como la consecuencia de una decisión: dedicar recursos al producto y contener el precio. La rentabilidad debía permitir sostener la escuela, renovar lo que enseñábamos y pagar el trabajo necesario para enseñar bien.

Una corrección cuidadosa ocupa tiempo aunque el alumno nunca llegue a verla en una campaña. La actualización de una asignatura también. Desde fuera, sin embargo, dos programas pueden parecerse mucho: ambos muestran un temario, un claustro, un campus y un diploma. Lo difícil es conocer qué sucede entre la matrícula y la entrega del título.

Cuando el precio se convierte en prestigio

Con los años empecé a darle vueltas a una contradicción. El ahorro que pretendíamos trasladar al alumno podía jugar en nuestra contra si se interpretaba como una señal de menor calidad. En el lujo, el precio forma parte del atractivo. En educación, me preocupa que termine ocupando el lugar de una evaluación que al futuro alumno le cuesta hacer.

Antes de matricularte apenas puedes observar el servicio que vas a recibir. No has visto cómo se corrige un proyecto flojo, cuánto tarda una respuesta o qué ocurre cuando necesitas ayuda. Buscas señales: el nombre, la recomendación de alguien, la presentación del programa y también el precio. Es comprensible. La decisión exige dinero y meses de tu vida.

Mi error sería concluir que quien elige otra escuela se equivoca. Puede buscar una especialización concreta, conocer a un profesor, preferir otro calendario o confiar en una recomendación. Tampoco conozco los motivos de cada alumno de OBS. La pregunta del título expresa mi desconcierto como fundador y me obliga a examinar cómo hemos explicado nuestro trabajo.

OBS frente a IEBS: qué compararía antes de matricularme

Pondría sobre la mesa dos programas concretos y pediría información equivalente. Qué entregaré durante el curso. Quién revisará ese trabajo. Qué tipo de devolución recibiré. Cómo podré consultar una dificultad. Qué proyecto terminaré y con qué criterios se evaluará. Después miraría el precio total, el tiempo necesario y las condiciones del programa.

Me interesaría ver una corrección anonimizada y hablar con alguien que hubiera terminado esa formación. Una conversación sobre una semana real de estudio puede ayudar más que una sucesión de adjetivos. También querría saber qué salió mal y cómo respondió la escuela. Ahí aparece una parte del servicio que casi nunca protagoniza la publicidad.

A IEBS le pediría esas mismas pruebas: ejemplos del acompañamiento, criterios de evaluación de los proyectos y cambios recientes en los contenidos. Quien se matricula debe poder comprobar lo que prometemos.

Hacer visible el trabajo

Sigo creyendo en la idea con la que empezamos: utilizar la tecnología y una buena operación para acercar una formación exigente a más personas. Me parece una ambición mejor que encarecer un programa para que parezca más prestigioso.

Pero he aprendido que hacerlo bien y conseguir que se entienda son dos trabajos distintos. El alumno tiene derecho a conocer qué está pagando antes de comprometerse. A nosotros nos corresponde abrir esa parte de la escuela: mostrar el método, el acompañamiento y el trabajo que sale de él. Si conseguimos explicarlo con claridad, la conversación sobre el precio tendrá por fin algo sólido sobre lo que apoyarse.

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