He vuelto a la educación. Y he vuelto cabreado.

Juré y perjuré que no volvería a poner en marcha una escuela. Tenía bastante claro que esa etapa había terminado. Pues aquí estoy otra vez. Y estoy cabreado.
Mi recorrido viene de Área de Ventas y de Iberestudios. Fundé EVE, participé en la creación de OBS y fundé EALDE e IEBS. He estado en la venta de formación y en la creación de escuelas. Sé lo que cuesta poner una en marcha y la responsabilidad que asumes cuando alguien te confía su formación. He contado aquí parte de esa historia.
De esto sé un huevo. Y precisamente por eso me cabrea tanto la distancia que a veces hay entre lo que se promete para conseguir una matrícula y lo que el alumno acaba aprendiendo.
Estoy hasta los cojones de las promesas de transformación que se venden con tanta alegría. De esa facilidad para decirle a alguien que va a cambiar de vida, multiplicar su sueldo o convertirse en el profesional del futuro. Hablar así del futuro de otra persona debería dar bastante más respeto.
Quien se plantea pagar mil o dos mil euros por formarse puede llevar meses ahorrando. Puede estar intentando salir de un trabajo que detesta, volver a encontrar empleo o entender una tecnología que amenaza con dejarle fuera. Hay ilusión, miedo y una confianza enorme en quien le dice: ven, yo te enseño. Jugar con eso me parece indecente.
Me da exactamente igual lo bien que quede la sudadera, cuántos seguidores tenga quien sale en el anuncio o lo espectacular que resulte la presentación. Quiero ver qué problema aprende a resolver el alumno, quién le señala un error y qué tiene que cambiar para hacerlo mejor. Eso es lo que miro cuando evalúo una escuela.
Una escuela tiene que enseñar
Me cuesta aceptar que llamemos innovación educativa a cambiar la puesta en escena mientras el alumno sigue mirando una pantalla. Tenemos herramientas que permiten practicar, recibir ayuda, revisar un trabajo y volver a intentarlo. Podemos pedirle a una persona que construya algo y discutir sus decisiones. Con esas posibilidades, conformarse con acumular vídeos me parece una pobreza de ambición tremenda.
Disfruto de una buena explicación como cualquiera. Pero si estoy aprendiendo a utilizar inteligencia artificial, necesito enfrentarme a una tarea. Pongamos que quiero comparar dos propuestas de un proveedor: tendré que decidir qué comparo, localizar de dónde sale cada dato y comprobar si la recomendación se sostiene. Si la IA inventa una cifra, tendré que detectarla. Ver cómo lo hace otro me ayuda; hacerlo yo me obliga a entenderlo.
Eso es lo que quiero construir en Iberestudios: una escuela en la que cada programa obligue a hacer cosas y cada alumno salga con trabajos que enseñar, decisiones que sepa defender y experiencia de haber resuelto problemas durante su formación.
Esta vez quiero que puedas entrar gratis
Iberestudios reúne esa formación propia con un catálogo de cursos gratuitos de otras instituciones y un medio que examina lo que ocurre en la educación. Vamos a empezar por la inteligencia artificial y desarrollar programas en distintas disciplinas.
El Máster Abierto en Inteligencia Artificial Aplicada está concebido para que puedas completar el programa gratis, con tutor IA básico y certificado propio de aprovechamiento si superas los requisitos. Para sostenerlo, buscamos mecenas y abrimos la posibilidad de hacer aportaciones voluntarias, además de ofrecer servicios opcionales como el tutor avanzado y el registro de competencias. Explicaremos por separado lo que cuesta cada servicio.
Que cueste cero entrar me importa muchísimo. Hay personas con ganas y capacidad a las que el precio deja fuera antes de empezar. Quiero que puedan estudiar y exigirse sin tener que apostar primero una cantidad de dinero que les cuesta reunir.
Después viene el esfuerzo. Habrá que entregar, revisar y terminar. La gratuidad nos obliga a pensar cómo acompañar a quien se atasca, cómo ayudarle a recuperar el ritmo y cómo comprobar que ha aprendido. Regalar acceso a una plataforma y desentenderse del alumno sería una forma muy pobre de cumplir esta ambición.
Ahora quiero juntar en Iberestudios todo lo que he aprendido y aprovechar la IA para ofrecer a cada alumno una ayuda que antes resultaba mucho más costosa: explicarle lo que no entiende, revisar un ejercicio que se ha torcido y darle otra oportunidad de practicar cuando todavía no le sale. Quiero comprobar hasta dónde podemos llegar con ese acompañamiento y corregir lo que falle.
El cabreo me ha traído hasta aquí
Tengo la ambición de llevar esta formación a mucha gente, en español y en inglés. Y tengo ganas de discutir con un sector en el que he trabajado y cuya responsabilidad conozco. Me niego a dar por bueno que la capacidad de vender una escuela se convierta en nuestra medida de su calidad.
Vamos a enseñar los ejercicios, cómo los evaluamos y qué han sido capaces de hacer los alumnos. Que se nos juzgue por eso. Quien revise ese trabajo podrá señalarnos dónde fallamos. Y nos tocará corregirlo.
Por eso estamos buscando beta testers. Personas que hagan el trabajo, recorran el programa y nos digan lo que funciona y lo que les hace perder el tiempo. Esa primera prueba me interesa mucho más que cualquier aplauso al anuncio.
Había jurado que no volvería. Pues he vuelto. Con todo lo que he aprendido, con Iberestudios y con un cabreo que pienso convertir en trabajo. Y con la IA voy a dar por saco.